sábado, 26 de septiembre de 2020

Número 62 de entreTodos

En casa, nada de ayudar.

En casa, nada de ayudar.

14-08-2020

Es muy frecuente escuchar a las parejas decir cosas como, - el cuidado de los niños y las cosas de la casa siempre me tocan a mí - y a otro que contesta, - sí, pero yo a todo lo que me dices te ayudo - y es que al utilizar la palabra ayudar nos delatamos, pues está claro que el que “ayuda” considera que es un tema del otro, pero que como somos buenas personas y modernas, ayudamos.

 Se puede ayudar con un trabajo, una afición o con algo puntual, pero no con algo que es responsabilidad de los dos.

En casa, no hay que ayudar, hay que corresponsabilizarse de la parte que toque a cada uno, pero esto no es una etiqueta que nos podamos poner sin más, la corresponsabilidad es una forma de ser, una forma de pensar, de sentir, de vivir. Lleva todo un proceso de transformación, de cambio voluntario y consciente, lleno de compromiso con nosotros mismos, con las personas con las que vivimos a diario que tanto queremos.

Cualquier momento es bueno para reevaluar una situación y ver, en qué nos convierten las decisiones que tomamos. Si un día decidimos que uno salía a trabajar y otro se quedaba en casa ocupándose de todo los demás, tal vez es el momento de sentarnos a hablar acerca de, cómo nos sentimos con esas decisiones y si hay algo que cambiar.

Pero… ¿Qué pasa si queremos hacer cambios y no sabemos cómo? ¿o si queremos que nuestras hijas e hijos no se vean en la misma situación que nosotros?

 La corresponsabilidad se puede aprender, y a partir de ahí, enseñar. Una familia que tenga hijas e hijos ha de transmitirles la necesidad de ser corresponsables. Los trabajos domésticos y de cuidados competen a todas las personas del núcleo familiar. Es fundamental incorporarlas a todas en el reparto, sin distinción de sexo. Cada uno debe contribuir en relación a sus posibilidades. Siempre se nos ha dicho que las y los bebés se identifican más con su madre, y posteriormente – a medida que van creciendo- con el padre o la madre, según sea niño o niña. Pero hoy sabemos que si es el padre el que se encarga de la crianza, será con él con quien se identifique más.

Niñas y niños van a aprender en la familia los roles de género porque copian los diferentes comportamientos de las personas que la forman, así que en nuestra mano está que aprendan esos roles con igualdad o por el contrario que sientan la carga de que su sexo, les condena a una forma de vida concreta donde solo hay tres salidas, sumisión, rebeldía o resistencia.

 

Hace años en una familia en la que había hijas e hijos lo habitual era que ellas se encargasen de ayudar a la madre mientras ellos se iban a jugar con los amigos. Hoy en día, para evitar esa situación ya no colaboran en nada o casi nada en el trabajo en casa. Así, las madres realizan cada vez más y más trabajo. Por tanto, lo que hay que hacer es exigirles a ellos y ellas que participen de las tareas del hogar.

 Asumir responsabilidades es necesario en el proceso de madurez personal, pero además, un reparto equitativo del trabajo entre todas las personas de la unidad familiar, va a repercutir positivamente en la salud física y en las relaciones entre ellas.

Para que esto pueda llevarse a cabo la familia tiene que cooperar junta, hablar respetuosamente sobre los derechos, los deberes, el tiempo libre y el descanso. Todo ello debe estar repartido de manera equitativa de acuerdo a las posibilidades de cada una sabiendo, que el trabajo que realiza cada una de ellas es esencial para el buen funcionamiento del grupo.

A veces leemos u oímos algo y sentimos un “pinchacito”, ese es un indicador inequívoco de que sentimos que deberíamos hacer algo, pues las sensaciones no pasan por la conciencia, y nuestra mente reacciona sin pensar. Así pues, que vas a elegir… ¿rechazarlo o repensarlo?

¡Suerte en ambos casos!

 

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