La salud mental no se ve pero se nota

Publicado el 18-10-2021

Cuando no nos sentimos bien, todo lo vemos mal. Si se prolonga en el tiempo y no le ponemos remedio, podemos acabar sin saberlo, con problemas de salud mental.
La salud mental es el bienestar general de la manera en que pensamos, regulamos nuestros sentimientos y nos comportamos. Todas las personas con o sin discapacidad, tenemos un perfil psicológico único que va a determinar la forma en la que nos enfrentamos a la vida, cómo resolvemos nuestros problemas, qué nos causa malestar y qué nos reconforta.

En ocasiones, nos resulta muy difícil comprender el mundo, pero si a eso le sumamos las dificultades que pueden tener las personas con trastornos y/o discapacidad para procesar esta información, añadido al hecho de que es posible que no dispongan de los recursos apropiados para afrontarlo, es fácil suponer la importante perturbación que produce en el funcionamiento psicológico hasta el punto de desembocar en un trastorno mental.
Un trastorno de salud mental lo contamina todo, puede afectar nuestra capacidad para mantener relaciones personales o familiares adecuadas, en el desempeño en cualquier trabajo o aprendizaje, interfiere en el funcionamiento eficaz en un entorno social y en la motivación para participar en actividades.

Durante años la posibilidad de que las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo tuvieran problemas de salud mental no era reconocida.

Frente a esta realidad, estudios internacionales y datos estatales estiman entre un 30% y un 60% la prevalencia de enfermedad mental en la población con discapacidad intelectual o del desarrollo. Las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo padecen los mismos tipos de enfermedades mentales que las personas sin discapacidad, pero en ocasiones estos se manifiestan de forma diferente, generalmente en problemas de conducta, esto afecta también a su familia al tiempo que genera un importante impacto en su calidad de vida.

La institucionalización, la sobre medicación o el uso de restricciones, son formas de actuar que suelen implicar control y no tratamiento, ya que están dirigidas a suprimir la frecuencia y gravedad de la conducta. Sin embargo, en muchas ocasiones son la respuesta única y definitiva que se ofrece a la persona por parte de los servicios de salud. Ahora sabemos que estos “remedios” pueden ser efectivos a corto plazo, pero poco a poco, la persona tiende a elaborar nuevas formas de expresar su malestar y las conductas vuelven a aparecer e incluso de una forma más dañina.

La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece que todas las personas tienen derecho a gozar del más alto nivel posible de salud sin discriminación por motivos de discapacidad. Esto significa que las personas con discapacidad intelectual tienen derecho a disfrutar de un estado de bienestar no solo físico y social, si no también emocional que le permita desarrollar su proyecto de vida.
Es necesario visibilizar a las personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo con problemas de salud mental, de forma que se reconozca su derecho a una atención de calidad y accesible, al igual que al resto de las personas.

Como ya se ha mencionado, los problemas de conducta son la primera causa de consulta psiquiátrica en personas con discapacidad, y constituyen la causa fundamental de tratamiento psicofarmacológico. Sin duda los tratamientos farmacológicos son un aliado indispensable que ayuda a que la persona se sienta mejor, esté más receptiva, más serena y se encontrará en mejor disposición de poder sustituir esas conductas por otras más adaptativas. Pero no nos engañemos, eso no es suficiente.

Para lograr cambios a este respecto es importante trabajar todos juntos, debemos crear un espacio de colaboración en el que familias y profesionales, tomemos las medidas necesarias para una pronta detección e intervención, haciendo especial énfasis en la etapa infanto-juvenil en personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo.

La salud mental es invisible pero nuestras conductas nos delatan, así que, igual que si rompemos un hueso acudimos a traumatología a curarlo, si se rompe el bienestar emocional ve a salud mental